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Ser consistentes con Dios: por qué cuesta y cómo superarlo — Parte 1

  • Foto del escritor: Vanerim Atilano Guadalupe
    Vanerim Atilano Guadalupe
  • hace 22 minutos
  • 5 Min. de lectura
Banco de madera vacío en un parque verde con árboles otoñales. Hojas caídas en el suelo. Ambiente tranquilo y soleado.

Después del servicio del Domingo de Resurrección, Margaret estaba determinada a reanudar su relación con Dios.


Después de regresar de la iglesia, organizó su agenda semanal y se comprometió a cada mañana dedicar diez minutos a estar a solas con Dios antes de ir a trabajar.


Es lunes. Margaret despierta con ansias de pasar un rato a solas con Dios. Comienza su momento de devocional leyendo Marcos 1. Luego, da gracias a Dios por su bondad y le pide fuerzas para el día que tiene por delante.


Es martes. En esta ocasión, Margaret lee una reflexión de un libro devocional que había comprado hacía un par de meses, pero que aún no había utilizado. Las palabras de la reflexión la llevan a agradecer la providencia y el perdón de Dios.


Es miércoles. Margaret se levanta tarde, lo que la deja sin tiempo para desayunar, preparar el almuerzo y las meriendas, ni para pasar tiempo con Dios.


Al llegar a la oficina, respiró aliviada porque había llegado unos minutos antes. En su lugar de trabajo había una pequeña cocina, así que se sirvió una taza de café y tomó un croissant de una caja que había traído uno de sus compañeros de trabajo.


Ya sentada en la silla de su escritorio, sintió una extraña sensación. Sentía que le faltaba algo. Revisó su cartera y encontró todo lo que necesitaba: las llaves, el celular, la billetera, la crema de manos y los audífonos.


«¿Qué es lo que me falta?», dijo en voz baja.


Entonces se dio cuenta. Se había olvidado de pasar tiempo a solas con Dios.


«No habría sido posible pasar un tiempo de calidad con Dios en una mañana tan ajetreada como esta», pensó.


En busca de una solución, Margaret decidió poner el despertador diez minutos antes de su hora habitual de levantarse para el día siguiente. Eso le ayudaría a asegurar su tiempo a solas con Dios.


Es jueves. Suena el despertador. Margaret pulsa el botón de «posponer» y se queda en la cama. Cinco minutos después, el despertador suena y vuelve a pulsar «posponer». En la cuarta ocasión, decide mirar el teléfono. Cuando se percata que se le hacía tarde para trabajar, sus ojos se abren de par en par y salta de la cama.


Durante varias semanas pasó lo mismo. Había mañanas en las que se levantaba a tiempo, pero se distraía navegando por las redes sociales o leyendo correos electrónicos del trabajo, lo que le hacía olvidarse de su tiempo personal con Dios.


¿Qué pasó con la determinación de Margaret de reanudar su relación con Dios?


Seguro que te has encontrado en la misma situación. A mí también me ha pasado.


Empezamos con energía y entusiasmo para crecer en nuestra relación con Dios. Contamos con recursos como la Biblia, los libros de oraciones y los devocionales para guiarnos en nuestro tiempo con Él. Entonces, ocurre algo que interrumpe el curso de nuestro objetivo.


Y, por alguna razón, en lugar de volver a ello, seguimos con nuestra vida y nos olvidamos de retomar nuestra relación con Dios.


¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué nos cuesta ser consistentes con Dios?


Hoy conoceremos la primera de las cuatro razones por las que puede resultar difícil mantener una relación consistente con Dios y, lo que es más importante, cómo podemos superarla. ¡Empecemos!


Identifica tu «porqué»

No tendría sentido realizar una acción sin una razón o motivación. Incluso la motivación más simple termina guiando nuestras decisiones, porque hay algo que nos impulsa a hacerlo.


Es lo mismo para la vida espiritual. Si no tenemos una razón clara por la que queremos cultivar una relación con Dios, no nos interesará hacerlo. Puede que empiece a parecernos repetitivo y aburrido, lo que hace que sea fácil dejarlo de lado para dedicarnos a las obligaciones de la vida cotidiana.


A través de los Salmos, el rey David nos comparte sus muchas razones para relacionarse con Dios. Por ejemplo, en el Salmo 139:14 (NVI), expresa: «Te alabo porque fui formado de manera maravillosa y admirable; tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien». (Énfasis añadido)


En este versículo, el rey David reconoce que el hecho de haber sido «formado de manera maravillosa y admirable» por Dios es razón suficiente para adorar y acercarse a Aquel que lo creó.


En el caso de Margaret, no había una razón clara por la que fuera importante retomar su relación con Dios, lo que la llevó a olvidarse por completo de ello.


Para establecer una relación sólida con Dios hay que empezar por una pregunta sencilla, pero profunda: ¿Por qué es importante para ti esta relación?


Una guía para descubrir tu «porqué»

Aquí tienes algunas preguntas que te ayudarán a descubrir tu «porqué» de tu relación con Dios.


Intenta ser lo más sincero posible al responderlas. Tener un motivo claro te ayudará a desarrollar una relación con Dios que se mantendrá firme incluso cuando surjan dificultades e interrupciones en el camino.


  1. ¿Qué experiencia me acercó a Dios?

  2. ¿Qué me llevó a ser creyente o a tener fe?

  3. ¿Qué me hizo considerar a Dios como parte de mi vida?

  4. ¿Por qué creo en Dios?

  5. ¿Qué es lo que más me gusta de ser una persona de fe?

  6. ¿Por qué Dios es importante para mí?


Palabras finales

Descubrir por qué queremos relacionarnos con Dios nos ayudará a desarrollar una relación duradera con Él. ¿Cuál es tu razón para relacionarte con Dios?


Próximamente, compartiré el resto de las razones por las que puede resultar difícil establecer una relación consistente con Dios, y cómo superarlas.


Da un salto de fe

Si te cuesta ser consistente en tu vida espiritual, te animo a que respondas a las preguntas que se presentan arriba. Busca un lugar tranquilo donde puedas reflexionar sobre tus motivos para acercarte a Dios.


¡Nos vemos en la segunda parte! 🤗


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